Tengo el blog completamente abandonado, supongo que sabréis por qué: NO ME DA LA VIDA.
Y cuando me da, prefiero vivirla un poco para mí. Y es que entre el trabajo, el niño y la casa el tiempo de ocio, que es donde lo sacaba para escribir en el blog, ha disminuido una barbaridad. Lo más curioso es que compensa porque estoy encantada con mi hijo.
Esta vez voy a hablar de finanzas. Y es que es algo en lo que se piensa mucho (al menos yo) en la etapa de la toma de decisión. Recuerdo que cuando me rondaba por la cabeza el ser madre soltera llegué a pensar incluso que no iba a poder pagarle la universidad...ansiedad anticipatoria.
En mi caso tengo un trabajo estable y siempre he sido bastante metódica y ahorradora, por lo que, aunque no es fácil y siempre voy mirando el céntimo, puedo decir que me estoy defendiendo bastante bien. Incluso ahorro y me da para invertir un poquito, pensando siempre en el niño.
En los tiempos en que me lo estaba pensando decidí empezar a invertir en fondos indexados, por probar, por ver si podría, de esta manera, llegar a poder pagar la universidad del niño jeje.
El caso es que llegó el covid y os podéis imaginar lo que pasó con la inversión...¡¡todo para abajo!!...pero yo sabía que la clave era no vender. Total, para qué iba a vender y quedarme con nada (la inversión fue mínima). Mejor esperar a ver qué pasaba y pensé que, en cuanto recuperara su valor, vendía y adiós.
¿Y qué pasó? Pues pasó la pandemia, no dejé de trabajar y no me pude quejar. La inversión se me acabó olvidando con todo el jaleo y preocupaciones de aquellos años y cuando volví a mirarla...¡¡eso estaba subiendo!! En poco tiempo recuperó su valor y lo superó y, entonces pensé ¿voy a vender ahora que está subiendo? No, venga, mejor lo dejo. Y seguí aportando cuando podía.
Todo lo que había leído de lo importante es aguantar, de interés compuesto, etc, parecía ser cierto.
En mi caso, no he puesto la cartera a su nombre, está al mío. Por la sencilla razón de que, si la pongo a su nombre, automáticamente a los 18 años empieza a ser suya y yo no sé si va a tener la cabeza bien amueblada a esa edad, por mucho que yo intente que sí la tenga.
En caso de que a los 18 sea un bala perdida, ya veré que haré con el dinero, pero no podrá disponer libremente de él.
Os dejo capturas de la rentabilidad conseguida hasta ahora. Mi hijo tiene 7 años; si sigue así creo que voy a tener para pagarle varias cosas..jpeg)

No hay comentarios:
Publicar un comentario